lunes, 25 de mayo de 2020

Galería para el recuerdo


Monteando con… Montoya, “El Gitano”

Hoy traemos a estas páginas a un joven montero “pixueto”  Juan Antonio Montoya Gabarri, vive por y para los perros, capaz de pasarse horas y horas hablando de perros de jabalí.

Nos cuenta como se inicio en la caza, “de crio cuando salía de la escuela me paraba a hablar con  Roberto, “el moscón”, (desgraciadamente ya no está entre nosotros) que regentaban el Mesón ROA, justo enfrente del colegio ASTRURAMERICA, me hablaba de los perros, de las batidas de jabalíes. Cada día me enganchaba más a los perros. Hasta que un día fui a cazar con su cuadrilla, la cuadrilla DEL CENTENAL, Roberto era el jefe de Cuadrilla, y ahí cazaban también sus hijos y sobrinos. Era una cuadrilla de las de antes, de amigos, desde ese día ya no hubo vuelta atrás, me engancho la caza para siempre.”

Es Montoya cazador atípico, no tiene permiso de armas, para él la caza son los perros” yo no entendería la caza sin los perros, disfruto cuando un perro siguen 4/5 horas un jabalí, me gustan las persecuciones sostenidas, para mí el buen perro es el que caza suelto, el que llama a “parao” bien a los jabalíes. La traílla no es lo que más me gusta.”

Nos habla Montoya de la genética y sus gustos a la hora de criar, “en una ocasión me dijeron que costaba lo mismo criar con buena genética que con mala, pero los resultados no serian los mismos, y  es verdad, si crías con genética de buenas líneas jabalineras el porcentaje de tener un buen perro es más alto. Ahora bien, eso no es suficiente, hay que darles monte y dedicarles tiempo, y sobre todo tener paciencia con los perros”.

No es habitual ver monteros de etnia gitana, “ no en el tema de jabalí al menos en Asturias creo que solo Eduardo y yo somos de etnia gitana, en otras modalidades como galgos y eso si se da más. Desde que empecé de crio en la cuadrilla siempre me trataron muy bien, y puedo decir alto que mas que compañeros de cuadrilla tengo amigos, y cuando me llaman el Gitano siempre es desde el cariño y el respeto, y cuando alguien lo hace de forma despectiva ellos son los primeros en sacar la cara por mi”.

A la hora de hablar de perros no lo hace de ninguno de los suyos, y doy fe que por sus manos han pasado buenos perros, la ultima la Vela, una perra de muchísimo nivel, ahora tiene una hija de esta y del Lebaniego, también buena perra, “ tengo que reconocer que vi cazar perros de muy buen nivel, perros de Eliseo, Chema Quiros, pero en la cuadrilla había perros de lo mejor del momento en Asturias, sin ninguna duda, el Tato, el Tel, la Mora, el Lao… pero sin duda el que más me marco fue el Pinto de Adrian, descendiente del Pistolas. Fue el primer perro que vi de eso que ahora llaman “Vía Única”, perros que solo cazan jabalí, solo o con otros, de cuerda o suelto, ese perro sí que era limpio de verdad. Ahora hay mucho perro limpio pero de mentira, perros que con un año y poco ya te cuentan que está limpio, suelen estar limpios por la mañana en el Chigre, luego al cocelo mengua todo mucho.”

Azor… prismático HD + telémetro la mejor combinación


Hoy en nuestra prueba de campo analizamos en profundidad los prismáticos AZOR HD, con telemetro que comercializa la empresa asturiana BBI, BENOIST BERTHIOT IBERICA, una empresa que está presente en el mercado de la óptica desde 1961.

Desde su faceta de fabricantes de lentes oftálmicas hasta la última fase en el desarrollo de binoculares y telescopios de última generación,  mantienen un férreo carácter de superación y atención a sus clientes.

Con ellos han mejorado sus productos, y  gozado de inmejorables momentos observando espacio, ampliando los más mínimos detalles, disfrutando de memorables e inolvidables imágenes de la naturaleza y facilitando la lectura y visión a todos sus clientes.

Siempre desde ese espíritu de servicio y desarrollo, BBI mantiene la ilusión del primer día por la óptica y la calidad de sus productos.

Desde hace unos años la apuesta de BBI por la caza es fuerte y ello desemboca en un beneficio sustancial a los cazadores, con productos de extraordinaria calidad  con una relación calidad-precio difícil de superar.. Buena muestra de ello, es el AZOR HD, con telemetro.

* Con una óptica HD de gran calidad y un sistema de telemetría más que probado, el AZOR 8x42HD, destaca entre sus directos competidores. Sus 

7º de campo visual, nos permitirán observar zonas muy amplias.

Formato compacto, un peso 1.2kg, 8x aumentos y lentes HD totalmente tratadas, permite realizar mediciones bajo cualquier circunstancia lumínica, PANTALLA RETROILUMINADA, desde los 9 hasta los 1.200m. 

Muchas marcas ofrecen prismáticos con telémetro en el que el sensor de telemetría es de no más d e25mm de diámetro, en el Azor, hemos optado por utilizar LAS MISMAS LENTES DEL OBJETIVO, como los sensores, consiguiendo una exactitud y velocidad en la medición muy por encima de sus directos competidores.

Una óptica de gran calidad para una observación en la que no se nos escape ningún detalle, prismas tratados para mantener el color de las imágenes que observamos, y lentes HD para que la observación pueda ser durante todo el tiempo que necesitemos sin esfuerzo.

Se puede adaptar a trípode y el detalle de la pantalla retro iluminada es fundamental cuando tratamos medir la distancia a objetos o animales en zonas oscuras o de baja luminosidad. Su precio venta al público no es superior a los 800 €, siendo una excepcional herramienta para guardas y guías de caza.

Por su calidad y su extraordinario precio son una magnifica opción para todos los cazadores, pero sobre todo para Guardas de Cotos  y Guías de caza.

Distribuidor para Asturias 
ARMERIA JUNQUERA

Entre cotolles


Seguimos recluidos por el maldito coronavirus y por la nefasta gestión de un gobierno tan indolente como mentiroso.

Seguimos en el mundo  cinegético en la misma línea, el CPA, (Centro de Parasitosis de Asturias) continúa  con su desidia y rechazo permanente al trabajo. Vuelven a  publicar tarde y mal la Disposición General de Vedas.

Ya hechos los sorteos de los permisos, nos encontramos con personas que tuvieron la fortuna de sacar un buen número  para escoger y aun no han recibido la carta, es obvio, si aun no sacaron la DGV ni el Plan de Caza de las Reservas ya me dirán. 

De no ser por la suspensión o paralización del inicio de la temporada por el COVID-19 se iniciaría la temporada de rececho  el 1 de abril sin Disposición ni Plan de las Reservas. Más de lo mismo, un desastre de gestión.

Y miren ustedes que es poco trabajo, habitualmente es un copia y pega, bien es  cierto que ni eso hacen bien, me gustaría saber a que dedican el tiempo esta tropa, a jugar a las cartas, al ajedrez…

Como van a exigir a los cotos de caza que cumplan con la Ley si ellos son los primeros en incumplirla de forma sistemática.

Si hiciesen las cosas bien, con tiempo y alejados de la improvisación que tanto les gusta, habría tiempo para presentar alegaciones  y de esta forma realizar rectificaciones, pero asi es imposible.

Dentro de lo poco positivo a resaltar, por fin se deciden a prohibir la caza de corzas, algo necesario, aunque llega con retraso. El corzo vive un momento complicado en lo que a su dinámica poblacional se refiere, si hay corzas se recuperara más rápidamente.

No solo la Administración es la responsable de la pésima gestión, en algunos cotos sus gestores mejor estaban mirando a la pared, prohíben venadas en rececho pero dejan en batida, que es mucho peor el daño que se causa a la especie.

Seguimos olvidándonos de gestionar o algunos confunden gestión con repartir cacerías y así nos va.

Se ha puesto de moda  entre los gestores de nuevo cuño reducir al máximo los daños en los cotos, no sé si es por seguir el ejemplo de aquella Consejera tan torpe como vaga que en su día dio orden de dejar bajo mínimos las Reservas de caza para no pagar daños, así hoy tenemos Reservas de Caza pero sin caza.. Si no hay daños no hay caza, ¿queremos cotos de caza pero sin caza? Saquen  ustedes  sus propias conclusiones.

En torno a la tradición cinegética Asturiana

La caza ha sido desde siempre la actividad por antonomasia inherente al hombre desde que tenemos constancia de su presencia como tal. Las representaciones y escenas rupestres de las cuevas cantábricas, con las inmejorables muestras de las localizadas en Asturias, son un elocuente testimonio de la actividad cinegética practicada por el hombre prehistórico. Un seguro, en efecto, para la pervivencia de la especie humana a quien le garantiza la caza en aquellos tiempos primitivos el alimento indispensable para subsistir; la grasa cruda o sebo suficiente para mantener la llama del fuego, que iluminaría las inciertas horas de la noche; y hasta el vestido necesario a base de pieles para protegerse de las inclemencias climatológicas.

Tenemos constancia documental de que en la Edad Media peninsular la caza tuvo un sentido utilitario. Durante la primera etapa de la  Reconquista esta actividad contribuyó a la alimentación de los ejércitos que estaban en constante movimiento. En estas etapas de la historia la organización de partidas de caza comunales, promovidas y dirigidas por los señores para evitar la acción de las alimañas, eran habituales y tan sólo pretendían eliminar los dañinos ataques de los depredadores a las cosechas, al ganado y a las personas. Hogares campesinos, monasterios, castillos o residencias palaciegas se abastecían de estas presas con el consiguiente beneficio económico, dado que les facilitaban complemento alimenticio y vestimentario.

Es evidente que el cazador en pleno contacto con la naturaleza, disfrutaba de la misma con auténtico placer, pero también recuperaba su preparación física, la necesaria para llevar a cabo con éxito sus compromisos guerreros. Se trataba de una cuestión de higiene personal, que ya recomendaba El Libro de la Montería (a. 1350). Algo similar advierte El Libro de la caza con aves del canciller Pedro López de Ayala (1332-1407) al referir el beneficio que produce la caza al hombre al «aprovecharse de las cosas que Dios crió e fizo para el servicio del home».

Como es obvio, en la Asturias medieval la caza fue la actividad prioritaria ejercida tanto por nobles como por vasallos al servicio de tan compleja tarea, y por el sector eclesiástico en el que podemos incluir a los numerosos monasterios, prioritariamente benedictinos, que pueblan la geografía y espacios montañosos de la región. De hecho, lo habitual que resultaba en estos centros la práctica cinegética, pronto fue motivo de inspiración para las familias de canteros que trabajaban bajo su patrocinio, levantando las fábricas monásticas que aún se mantienen en Asturias. En las mismas, podemos observar como a través del más genuino y artístico románico se representaban escenas cinegéticas sobre piedra, e incluso en sillerías de coro y otro bienes muebles, toda una visión que reflejaba el modo de vida cotidiano de los asturianos.

Las escenas reproducidas  pueden ser simples, ocupando el pequeño espacio de los canecillos en los que suelen aparecer un hombre lanceando un animal, por lo general un jabalí, y en los capiteles donde el artista disponía de una espacio mayor en el que suelen aparecer escenas muy completas, incluyendo, a veces, músicos y danzarines celebrando el festejo que suponía la captura de la presa. También aparecen cazadores haciendo sonar sus cuernos, y otros lanceando, animales de presa como perros, y la misma presa que en ocasiones sujeta en sus fauces a algún cazador despistado. Todos estos ejemplos podemos verlos, entre otras muchas, en la iglesia del antiguo monasterio de San Antolín de Bedón (Llanes), en San Juan de Amandi, Santa María de la Oliva, o Santa Eulalia de la Lloraza, todas en el concejo de Villaviciosa; y también son muy interesantes las que decoran el templo románico del antiguo monasterio de San Pedro de Villanueva, en el concejo de Cangas de Onís, actualmente convertido en Parador Nacional. En la portada principal de la iglesia de este antiguo monasterio se conserva también en muy buen estado  una escena de caza realmente destacable dentro de la escultura románica asturiana: La despedida de una dama y un caballero, montado a caballo, que se dispone a salir de caza, según apuntan los atributos que adornan la escena. Esta representación ha tenido diversas interpretaciones entre las que se cuenta, según la tradición, que se trata del rey Favila despidiéndose de su esposa cuando iba a cazar el oso, el úrsido en cuyas fauces muere el citado monarca, según los relatos históricos. Escena similar se localiza también en la portada del templo monástico de Santa María de Villamayor (Piloña).

Y es que en los monasterios asturianos la caza era prioritaria, tanto para los femeninos como para los masculinos. Las donaciones reales que por lo general dieron principio a estas fundaciones religiosas, ya les transferían espacios acotados en torno al monasterio y bosques, que si bien en ocasiones se roturaban algunas de sus partes, por lo general, se mantenían como espacios para la práctica, entre otras muchas funciones, de la caza. Los renteros que explotaban estas extensiones debían abonar al abad/abadesa la renta estipulada frecuentemente con alguna pieza, que facilitaba la carne necesaria para la comunidad religiosa, así como las pieles necesarias para abastecer al scriptorium del monasterio. No era esto, sin embargo, el motivo principal de la práctica de la caza, si no mas bien el facilitar a la población  campesina los medios necesarios para controlar una población salvaje que ponía en riesgo sembrados, cosechas y hasta la vida del propio campesino.

En las abadías masculinas los propios monjes practicaban la actividad de la caza en los entornos inmediatos del monasterio, tanto es así que en orden a guardar una más estricta observancia eran con frecuencia censurados por la autoridad episcopal. Es el caso de la comunidad de monjes benedictinos de San Juan Bautista de Corias (Cangas del Narcea).

Este monasterio, considerado como el Escorial asturiano por su monumentalidad arquitectónica,  fue fundado a principios del siglo XI por los condes Piniolo y Aldonza quienes nombran en el año 1034 al clérigo Arias Cromaz como abad del mismo y responsable de una comunidad integrada por doce monjes.

El dominio monástico, de enorme extensión, favorecía el aprovisionamiento de la comunidad tanto de los productos de caza y pesca, como de cereales y otros bienes que  comercializaban. El rio Narcea y los afluentes de su curso alto (Naviego,Coto, Arganza y Gera) constituyeron un eje vertebrador de propiedades. Estas se extendían igualmente en la amplia fachada marítima del territorio astur, localizándose bien en las rasas cercanas al litoral o en los valles que forman el curso bajo de los ríos que desembocan en el Cantábrico (Canero, Negro, Navia). En torno al Nonnaya y el Pigüeña o en el valle de Candamo el número de propiedades era inferior. La meseta castellana también fue una amplia área de presencia de los monjes negros de Corias en la que se abastecían de los productos necesarios, entre los que se encontraban los derivados de la caza.

Cuando el 28 de septiembre de 1380 el obispo ovetense don Gutierre de Toledo (1377-1389) llega a Corias en visita pastoral, dentro del amplio programa de reforma eclesiástica, la situación de crisis interna y falta de observancia le obliga a dictar unas Constituciones de reforma en las que condena las faltas de los monjes, y entre las que se encuentra la dedicación excesiva a la actividad de la caza:

Que ningún abbat, nin  monges non se entremities andar a caza con perros, nin con aves, por si nin con otros; et el que contrario feziese, quel abbat et el prior que fuesen suspensos de la collación de los beneficios que les pertenescen por dos annos […] . Et por quanto nos en esta visitación, que feziemos en el dicho monesterio de Corias, fallamos quel  abbat, prior et algunos de los monges del dicho monesterio criavan aves et podencos et yvan a caza con ellos, por ende mandamos quel dicho abbat, prior et monges de aquí en delantre non crien aves algunas de caza, nin podencos, nin otros canes algunos de caza, nin vayan a caza por si nin con otros, so las penas contenidas en la decretal.

Esta situación que denuncia el obispo era generalizada en todos los monasterios, pues el interés por la caza no sólo era de carácter económico, sino  una forma de entender la naturaleza, de hacer ejercicio y disfrutar del medio contemplando el mismo acto de la Creación. Cazar suponía, en efecto, cuidar el bosque, repoblar y controlar el medio.  

No me gusta nada como caza la perrina

Finaliza la temporada de caza, una más, y una vez más tenemos que hacernos eco de una situación que no es la antesala de nada bueno para nuestro colectivo. Corren tiempos complicados para la venatoria, y me temo que con esta “tropa” que nos gobierna  lo peor está por llegar, lo vamos a pasar mal.

Nos siguen atacando a los cazadores de forma sibilina, es verdad que la caza no se atreven a prohibirla, pero no es menos cierto que cada día nos ponen más obstáculos, más palos en las ruedas.

La nueva Ley de Protección Animal que quiere sacar adelante el gobierno, la quieren extender a la fauna salvaje y eso ya son palabras mayores.

Entra uno en escena y dice que le robamos la leche a las vacas, otra que los gallos violan a las gallinas, otro quiere prohibir la caza…

Lo sorprendente de esto es que son los mismos  que hablan de tomar medidas para frenar el éxodo  rural, eso que ahora llaman la España vaciada, tan vacía como la cabezas de los que deberían haber tomado decisiones , cabezas vacías, encefalogramas planos, de lo contrario no es posible entender tanto despropósito.

Que nos expliquen estos “iluminados salva patrias” como se puede recuperar el medio rural si cada vez que toman una decisión  desemboca en un problema para ese sector primario.

La caza es la mejor alternativa en aquellas zonas rurales más desfavorecidas, donde hay cazadores hay vida, la caza es fundamental para mantener vivo el entorno rural.


Es fundamental que estos “iluminados” profundicen en los aspectos positivos de la caza, de lo contrario seguiremos de la nada a la nada.

En nuestra región la caza sigue agonizando, queríamos un coto en cada pueblo y hoy tenemos un pufo en cada uno de ellos. Ni tan siquiera las buenas intenciones de aquellos que gestionan esas Asociaciones de Cazadores sirven para salir adelante, asfixiadas en lo económico y sin ideas en la gestión. Esta se basa únicamente en repartir cacerias, las Reservas de Caza Asturianas siguen en su línea, son Reservas de Caza sin caza, una ruina en lo económico y en lo cinegético. Pero en lugar de buscar soluciones para intentar recuperar el prestigio del que gozaban no hace tanto tiempo,- antaño destino elegido por los cazadores de toda España que en la actualidad no quieren ni oír hablar de nuestras Reservas de caza- a alguien se le ocurre proponer que se prohíba la munición de plomo. Qué bien vivíamos cuando solo había un tonto en cada pueblo.

Ante este panorama, entenderán que no me gusta nada como caza la perrina, cuando se enteraran que los cazadores somos la solución y no el problema.

Rafa González
E-mail: rafagonpozo@gmail.com

EL REENCUENTRO ANUAL CON ‘EL REY DE LOS RÍOS ASTURIANOS’

Escribir para Orbayu Naturaleza cuando te lo solicita Rafa González es un deber más imperativo que sacar cada año la licencia para poder desfilar con la caña en primavera por cualquier ribera asturiana. Estamos en vísperas de iniciar la temporada del 2020, si el Covid-19 no lo impide, aún no tenemos fecha, ni sabemos si vamos a poder pescar. El inicia de la temporada inevitablemente provoca una primera reflexión. Oí hablar a los pescadores más veteranos del comienzo de la temporada en febrero, pero solo conocí las aperturas de la pesca el primer domingo de marzo a cucharilla y devón, y el 19 de marzo con todos los cebos. Eran otros tiempos que no conviene borrar de la memoria, por mucho que se empeñen algunos en fomentar la amnesia. Recuerdo bien los tiempos en los que se encontraban en plena recuperación los ríos salmoneros asturianos y cántabros, tras una labor inconmensurable de repoblaciones en los años cuarenta del SNPFC dirigido en Asturias por Eugenio Guallart, desde su base multiplicadora de la piscifactoría de Infiesto que manejaba con gran acierto y mimo el gran Tuñón. Por aquellos años, la piscicultura aún no se había desarrollado como actividad mercantil y comercial, pero la piscifactoría pública de Infiesto se había convertido por sus resultados en un icono de la nueva técnica de las repoblaciones fluviales, que luego imitaron las piscifactorías del SNPFC de Ampuero en Cantabria y El Veral en Lugo. Por eso, al comienzo de esta nueva temporada quiero destacar el renacimiento de la piscifactoría de Infiesto, cedida por el Principado a la asociación de pescadores El Esmerillón, capitaneada por Antón Caldevilla y Juanjo Peruyero, que ya se estrenó estos meses con la primera promoción de alevines de trucha, que serán la antesala de los salmones que nacerán allí el próximo invierno. Este es el buen camino.

En el repaso al baúl de los recuerdos para sacudir la nostalgia y poner en forma la ilusión y las muñecas, no pueden faltar los datos de aquellas temporadas inolvidables de más de 2.000 salmones en el río Sella, con días de apertura de temporada de 32 salmones vernales, por encima de los seis y ocho kilos, utilizando solo la cucharilla y el devón, y la mayor parte del río como zona libre. Claro que entonces no ‘pescaban’ sin cupo ni días vedados las bandadas de cormoranes o las garzas o las plagas de nutrias. Entonces navegaban las piraguas pero no se conocían las invasiones de canoas. Entonces no se producían los vertidos -urbanos, industriales y ganaderos- concentrados por colectores que desembocan en depuradoras que no depuran, sin que nadie se escandalice por la agresión medioambiental. Por el contrario, hace setenta y sesenta y cincuenta años sí se repoblaba desde la piscifactoría de Infiesto, como complemento de los desoves naturales que se repartían por el Sella, el Piloña, el Güeña o el Ponga, hasta desparramarse por regatos, desde el Zardón hasta el Laspro o el Mampodre. Por entonces los pescadores ya costeábamos con nuestras cuotas a la Asociación Asturiana muchas tareas de cuidado de nuestros ríos, y d apoyo a unas administraciones públicas que, con aciertos y algunos errores, protegían nuestros cauces y bosques, y se ocupaban de recuperar nuestra la fauna salvaje en nuestros ríos y bosques. Esta es la memoria histórica del salmón asturiano que relata con precisión Alejandro Miyares en su “Historia de la pesca en el río Sella” que quien corresponde debería de ocuparse de reeditar, y entre todos deberíamos de procurar completar con las historias de la pesca en el resto de los ríos asturianos.
Es saludable en estas fechas mirar hacia atrás para repasar el camino recorrido durante tantos años por la pesca del salmón en nuestros ríos, sobre todo cuando la niebla y las amenazas que tenemos delante no nos dejan ver su futuro. Es inútil limitarnos a recortar temporadas, organizar descansos semanales, pescar sin muerte, reducir cupos o prohibir artes de pesca, si queremos salvar el salmón y disfrutar del noble arte de la pesca con caña. Si los depredadores de una y otra condición siguen ‘cazando’ en los ríos sin licencia alguna; si la contaminación ‘cultivada’ en las riberas sigue utilizando los ríos como cloacas; si continúan las mutilaciones artificiales de los cauces que provoca la incuria del mal llamado progreso; si estas tres armas letales contra el medio ambiente siguen activas, destruyendo el ecosistema fluvial, el salmón no tiene futuro en Asturias. Por eso, para abrir una puerta a la esperanza, hagamos pedagogía sin desmayo del buen camino y, sin perder la memoria, acudamos con esperanza al reencuentro anual con ‘el rey’ en las orillas de nuestros grandes ríos.